EL BESO DE IKER

Hay quien dice en la red que el beso de Iker fue el beso de la Selección a toda España; otros dicen que les hubiera gustado estar en su lugar en ese instante; otras dicen lo mismo, pero al revés… Incluso quien me insiste en que esto no es periodismo, frente a mi opinión de que se trata de una noticia de primer nivel, nos guste el hecho o no, por la particularidad del mismo. Y además, desde el cariño, le digo desde aquí que como noticia se define “a un hecho novedoso o atípico, ocurrido dentro de una comunidad o determinado ámbito específico, que hace que merezca su divulgación”.

Ayer, cuando se produjo el hecho novedoso o atípico, los que estábamos viendo el partido juntos tuvimos disparidad de criterios. Unos dijeron que no pasaba nada y que estaba muy natural el asunto y otros pensamos (entre ellos yo) que Sara Carbonero tuvo que quedarse muy cortada y pasarlo mal, aunque peor hubiera sido rechazarlo o impedirlo. Personalmente, en un primer momento, no me gustó nada.

Ahora, después de unas horas, mi posición ha ido variando. No es que me guste, pero sí comienzo a comprenderlo. ¿Por qué no? Pues ahí está, lo que cualquier persona en su sano juicio y en un estado emocional de euforia superlativa hubiera hecho. Quizás yo también (bueno, no a la Carbonero, sino a la propia… que no existan malosentendidos…).

El beso de Iker es el remate final. El segundo gol que canto mucho público. Un gol de España a toda una vida deportiva en la que los triunfos los hemos contado los españolitos con cuentagotas. Porque el trofeo de anoche, no el beso, sí que es un trofeo que faltaba desde hace años en las vitrinas del fútbol español.

El beso de Iker también ha sido el beso a la bandera, sin connotaciones en mi comentario, por favor. Este Mundial nos ha demostrado que sacar la bandera a la calle y a los balcones no supone ninguna opción política. O sea, lo normal, lo que siempre debería haber pasado: estar unidos bajo unos mismos colores -los de nuestra bandera- y sintiéndonos con el orgullo de ser españoles. Pero este país es tan peculiar que hasta en esto somos distintos. Sacar la bandera a la ventana ha sido tan extraño como ese beso en directo. Ver a coches y motos, a taxis y camiones con la bandera al viento ha sido un gustazo -como un beso en condiciones- al menos para el que esto escribe.

El beso de Iker es comparable a la tradición del romance entre el torero y la folclórica. En este caso, el futbolista y la informadora. Por ello, rompe cánones tradicionalistas, acaba con antiguas historias de operetas y zarzuelas y posiciona la juventud de dos profesiones deseadas por niños y jóvenes. ¿Cuántos niños quieren “ser de mayor” futbolistas? ¿Cuántas jovencitas no sueñan con ser locutoras de televisión? Acudan a la puerta de un colegio y pregunten. Acudan a las facultades de comunicación e interroguen por el número de alumnos en las mismas. Pero ojo, que no todos/todas podrán llegar a cubrir un Mundial, ni tan siquiera tener un puesto como el de la Carbonero. Al igual que “ikerescasillas” solo salen unos pocos de cada generación.

El beso de Iker ha sido el de las lágrimas de las abuelas y los gritos de las canis. Si no, véanlas en la tele y escuchen lo que dicen. Amor y pasión de telenovela real, a la vista de España entera. El triunfo de la televisión de hoy: directo puro y duro, sin cortes ni “diferidos”, sin robados ni apaños. Sin escapadas a la publicidad porque no se sabe qué hacer, que la salida de ella y de sus compañeros de cadena fue muy profesional: “Jota, ahora volvemos…”. Bien, Sara. No le riñas mucho a Iker cuando estéis a solas.

El beso de Iker calla el amarillismo de los tabloides ingleses, tan flemáticos ellos de fachada y tan golfos cuando creen que nadie les ve. Es el manteo a Del Bosque; los aviones que vuelven a España; el cabreo de los nacionalistas baratos; el contrapunto a las declaraciones de hoy de Rubalcaba; el autobús descubierto por Madrid; los pitidos anoche de los coches; la policía local haciendo fotos con sus móviles en Barajas; el fallo de Pedrito ante Alemania; el gol que nunca fue de Cardeñosa; la nariz de Luis Enrique; las dianas de Zarra y de Torres; la docenita a Malta; las medias caídas de Gordillo; el jugador número 12; la equipación azul de nuestros muchachos; la risa ante el escupitajo de cabreo de Cristiano Ronaldo (bebe agua, guapetón); la camiseta de Iniesta con su recuerdo a Dani Jarque y la de Sergio Ramos a Antonio Puerta; la pasión del hijo de Del Bosque; La Cibeles, la fuente de Canaletas, la plaza del Pilar y la Puerta Jerez; la bufanda amarilla de la Reina en semifinales; el abrazo de los Príncipes; la toalla de Puyol; la sangre roja de Piqué; el silencio a las tonterías que dice Maradona; la Armada Española que vence en Flandes; la rotura del niño Torres; Manolo el del bombo; el pulpo Paul; las pelucas de colores; las pintadas en la cara; el “a por ellos”; y  la estrella -para siempre y por fin- en la camiseta roja.

El beso de Iker, en riguroso directo,  es el beso de todos, de muchos, de algunos o quizás de nadie. Pero no duden que es el símbolo del auténtico “Spain is different”.

Un beso, en fin, como una copa de grande.

Y que, para Telecinco (que es a quien de verdad ha besado la suerte), vale su peso en oro.

 

 

Foto: gentileza de Diario de Sevilla

 

PD.: He vuelto por esto, pero me voy de nuevo hasta septiembre.

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